Clásicas Críticas

CULPA IN VIGILANDO: VISITA GUIADA A UN AUTILLO DE FE Nº26

Crítica de José Gabriel López Antuñano (ITEM y “ABC”)


Título: Culpa in vigilando: visita guiada a un autillo de fe nº 26. Creación colectiva partir de diversos autos de fe del Tribunal de la Inquisición Española. Laboratorio de Creación Escénica Vladimir Tzekov / Andalucia. Dramaturgia y dirección escénica: Manuel Bonillo. Iluminación: Tomás Muñoz. Espacio Escénico: Laura Ferrón e Ismael Villanueva. Vestuario: María Romero. Intérpretes: Jota altuna, Manuel Bonillo, Cristina Contreras, Raquel Cruz y Santiago del Hoyo. Estreno Absoluto; 29 de junio de 2018. Loft Contemporáneo. Festival: Clásicos en Alcalá.


Los autillos de fe se diferenciaban de los autos de fe en la naturaleza del hecho juzgado por la Inquisición: el primer caso de temática más escabrosa y por ello con la “vista” en recintos cerrados, donde también se sentenciaba, para no escandalizar a los viandantes espectadores de la época. En Culpa in vigilando, el tema gira entorno a las prácticas sadomasoquistas de un procesado por motivos relacionados con el sexo, aunque parte de la explicación del caso se pierde por problemas técnicos en la recepción de la señal a través de unos auriculares. El espectáculo se estructura en dos espacios y con diferentes lenguajes. El exterior, el jardín del Loft Contemporáneo desde el que se accede a un pequeño patio con un brocal de pozo en medio, lugar en el aguardan tres intérpretes. El interior, de forma rectangular, con un pasillo perimetral, separado por una tirolina del espacio de representación, donde se instalan tres jaulas; en uno de los lados del rectángulo una cortina recoge la proyección de un guitarrista que toca durante el transcurso del espectáculo. Este segundo espacio, con frases de procesados o de clásicos en las paredes, con una tenue luz, roja en el techo, con humo, más o menos intenso, y cierto olor a incienso crea una atmósfera más inquietante que oprimente. Está conseguido.

La propuesta combina diferentes lenguajes: veinte minutos se dedican a explicar lo referente a los autos de fe y a este en concreto, sacado de las crónicas. La voz envolvente, cadenciosa y sensual no impide que esta parte explicativa resulte larga y conocida; asimismo plantea una serie de reglas para asistir al espectáculo, una vez se pase al interior del patio. Pese a la longitud, se crea un cierto clima de expectativa. Plantea en las advertencias tres modos de contemplar el autillo en la sala interior, como voyeur, víctima o verdugo. Ya en el interior de la sala, cuatro intérpretes que realizan acciones distintas, mientras se escucha a través de los cascos alguna explicación que ilustra lo que se ve, mientras se escucha la música. Los dos polos de atracción visual son un hombre en una jaula, que más parece un simio que una persona, y un grupo de tres actores, dos hombres y una mujer, con el torso semidesnudo que realizan unas “leves” prácticas de sadomasoquismo con la víctima del autillo. El final, una hoguera en el patio donde comenzaba el espectáculo, en recuerdo de las piras de la Inquisición.

Se plantea Culpa in vigilando como performance y esta nomenclatura ya da para una discusión: si por performance se entiende el acto creativo en el momento de producirse, que no admite imitación porque la relación entre cuerpos y elementos no admiten repetibilidad, la propuesta de Bonillo no se ajusta a ese patrón: ni las felaciones son tales, ni tampoco las crueles agresiones de los verdugos (se observan caricias a la víctima, que permanecerá tumbado en el suelo, e imitación del golpeo de la espalda mediante unos acariciadores fragelos). Hay imitación o interpretación (teatro), no performatividad. Se supone que el atractivo de esta visión del autillo en lugar recogido y privado debe producir algún tipo de sensaciones o sentimientos, de placer y repulsa por el sadomasoquismo o de simpatía o rechazo ante la víctima o los verdugos. Sin embargo, nada de esto ocurre, se asiste como un voyeur que tampoco tiene mucho que ver.

El otro planteamiento del espectáculo tampoco parece bien resuelto. Escribía antes las tres opciones que se le ofrecen al espectador, pero en ningún momento los actores performers hacen invitaciones explícitas a los espectadores que, según el enunciado de la propuesta deberían producirse, con respeto a la libertad de acción del espectador. Sin estos dos elementos la presentación de Culpa in vigilando, con pretendida provocación queda en un cúmulo de buenos deseos, pero sin que se produzca interactividad entre creadores y espectadores, ni se creen sensaciones que conlleven algún tipo de reacciones, ni se añade nada nuevo en la información del asunto tratado. De este modo, Culpa in vigilando no produce respuestas porque es una propuesta un tanto light, aunque situarse en un término opuesto de violencia y sexo extremos tampoco es la solución, porque los “medias” presentes, cuando no la vida misma, aboca al espectador a no sorprenderse de nada. Estos espectáculos, desarrollados de una manera más agresiva sí conmocionaba en los años setenta u ochenta del pasado siglo, hoy parecen déjà vu. 


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