HAMLET

Escrito por clasicascriticas 25-06-2018 en J G López Antuñano. Comentarios (0)

Crítica de José Gabriel López Antuñano (ITEM y “ABC”)

Título: Hamlet. Autoría: Shakespeare. Dirección: Alfonso Zurro. Compañía: Teatro Clásico de Sevilla. Reparto: Pablo Gómez-Pando, Juan Montilla, Amparo Martín, Rebeca Torres, Antonio Campos, Manuel Monteagudo, etc. Escenografía: Curt Allen Wilmer. Iluminación: Florencio Ortíz. Vestuario: Curt Allen Wilmer. Espacio sonoro: Jasio Velasco. Fecha: 23 de junio de 2018. Teatro: Teatro Cervantes. Clásicos en Alcalá


Yuri Liubimov, fallecido en 2014, a los casi 100 años, aunque con vitalidad suficiente para montar espectáculos hasta los días finales de su vida, decía que, cuando veía que un espectáculo de su repertorio había perdido fuerza, vitalidad, ritmo, o bien el tempo se dilataba o se descomponía, encendía una luz roja encima de la cabina técnica, desde donde habitualmente seguía todos sus espectáculos, mientras los actores correspondían a los aplausos del público. Este signo indicaba a los actores que, al día siguiente, deberían presentarse a primera hora en el teatro para ensayar de nuevo ese espectáculo hasta que cogiera velocidad de crucero. El Hamlet de anoche en Clásicos Alcalá hubiera hecho saltar todas las alarmas del director ruso, como es posible sonaran, concluida la función al dar notas, por parte del director o su ayudante. Este Hamlet, dirigido por Alfonso Zurro, lleva tres temporadas en cartel, con reposiciones y giras, y bien podría continuar, si recuperan el tono y alejan la rutina que, instalada sobre todo en los actores más jóvenes, aboca a una interpretación mecánica (con equivocaciones en algunos actores), sin pulso en la escenificación, lesionando la verdad escénica, y con una dilatación temporal de más de diez minutos, según el horario previsto, que resulta un indicador objetivo, del deterioro del producto.

Es una lástima que este Hamlet, otrora pujante, haya decaído, aunque bastarían algunos ensayos para encontrar de nuevo el punto, porque es una de las más interesantes propuestas de la tragedia de Shakespeare de los últimos años en España. El director realiza una lectura personal: sin privacidad posible en el mundo contemporaneo, acciones, diálogos y pensamientos son de dominio público, quedan expuestos al juicio de los demás: no se trata de empatizar con uno u otro personaje, ni de reflexionar acerca de la locura, verdadera o fingida del príncipe de Dinamarca, y sus motivaciones, sino de enjuiciarla porque esta como los comportamientos de otros personajes entre sí o en relación a Hamlet ya no pueden ocultarse y quedan expuestos a una posible valoración de una sociedad, que observa casi sin querer. Para resaltar esta idea los seis espejos que cierran la escena por los laterales y el foro, reflejan la otra cara de los personajes (además de hacerse hincapié verbal en el conocido pasaje de la capacidad de los espejos para devolver la figura y juzgar virtudes y vicios); asimismo, los monólogos poseen un deliberado carácter informativo, más que reflexivo, y muchos diálogos se orientan más a informar de los acontecimientos que a mostrar los pliegues de la conducta de los personajes de la tragedia, como motor de la misma. La lectura final conduce a una exposición de motivos con los funestos resultados conocidos del acto quinto, donde todos tienen su cuota de responsabilidad ¿quién más? Eso es lo que cada espectador debe dilucidar. En línea con esta idea, la elección de la traducción de Fernández de Moratín como texto de partida, que Zurro interviene, es un buen elemento distanciador, porque expresiones, frases cliché en relación con la tragedia y otros elementos lingüísticos alejan de una recepción más familiar y próxima al espectador. Por otra parte, hay que destacar que la narración de la historia se sigue bien, sin que algunas alteraciones de escenas o supresiones resten un ápice de comprensión del argumento.

En el espacio escénico, los espejos además de reflejar encierran a los personajes en una atmósfera agobiante, y la coloración de los tapices del suelo funcionan a nivel plástico y de significación. La iluminación posee igualmente un sugestivo y expresivo carácter significante, que ayuda a la narratividad de la acción dramática y potencia el efecto de los espejos. El espacio sonoro vehicula la narración y, a veces, distancia o bien subraya. Se percibe intención en la dirección de actores y líneas claramente marcadas para el desarrollo de cada personaje, aunque lo comentado en las primeras líneas emborrone este trabajo.