Clásicas Críticas

J I García Garzón

BE LEGEND!

Escrito por clasicascriticas 18-06-2018 en Be legend. Comentarios (0)

Crítica de Juan Ignacio García Garzón (ABC)

Idea y creación: Sotterraneo. Dramaturgia: Daniele Villa. Iluminación: Marco Santambrogio. Vestuario: Laura Dondoli y Sofia Vannini. Intérpretes: Sara Bonaventura y Claudio Cirri, con la colaboración de los niños Lucas Barón Uceda, Marta Castillo Carro y Miguel González Carneiro. Corral de Comedias. Alcalá de Henares (Madrid). 18 Festival de Artes Escénicas Clásicos en Alcalá.



CUENTOS CRUELES

La compañía teatral Sotterraneo, fundada en Florencia en 2005 y que se define como colectivo de investigación teatral, acomete en “Be Legend!” una aproximación a la infancia de personajes históricos y literarios con la colaboración de niños de verdad. Una original propuesta para todos los públicos que, pese a que el humor predomina en el espectáculo, no ahorra los detalles trágicos de la vida de los tres nombres escogidos en esta entrega: Hamlet, Juana de Arco y Adolf Hitler.

Dos actores, Sara Bonaventura y Claudio Cirri, acompañan en escena a los tres niños de Alcalá de Henares –en el proyecto colabora el Centro de Artes Escénicas generaciónARTes de la localidad– que encarnan a los mencionados personajes. Los adultos conducen la acción y los pequeños intérpretes cumplen su cometido con desenvoltura y naturalidad, como niños que son, sin concesiones a la ñoñería.

El príncipe danés niño vive hiperprotegido como heredero de la corona, la jovencísima Juana se entrega a la oración y al adiestramiento en el manejo de las armas y el gerifalte alemán apunta desde la niñez maneras dictatoriales en este montaje ligero y con momentos muy divertidos y otros que causan desazón, como la escena en que se recrea una especie de discoteca nazi con esvásticas y luces estroboscópicas, en la que todos bailan desenfrenadamente.

Al niño Hamlet se le informa de que la retahíla de muertes que acompañará su peripecia, a Juanita de Arco de que arderá en la hoguera y al terrible Adolfito que por su culpa morirán millones de personas. El más redondo de los cuadros es el centrado en el personaje de Shakespeare, tal vez por ser el primero y el que más sorprende, por alcance e intención y por la medida espontaneidad de Lucas Barón Uceda, que a sus ocho años derrocha entusiasmo e ironía en el escenario mientras se entrega a la duda hamletiana.

La gente de Sotterraneo propone soluciones escénicas sencillas y eficaces en este espectáculo que aúna el juego, la educación y la intención crítica, todo servido de manera ligera y dinámica para que la atención de los pequeños espectadores no se disipe.


MESTIZA

Escrito por clasicascriticas 18-06-2018 en Mestiza. Comentarios (0)

Crítica de Juan Ignacio García Garzón (ABC)

Autora: Julieta Soria. Dirección: Yayo Cáceres. Escenografía: Carolina González. Iluminación: Miguel Ángel Camacho. Vestuario: Tatiana de Sarabia. Intérpretes: Gloria Muñoz, Julián Ortega, Manuel Lavandera (músico) y Silvina Tabbush (cantante). Teatro Salón Cervantes. Alcalá de Henares (Madrid). 18 Festival de Artes Escénicas Clásicos en Alcalá.



ENTRE DOS MUNDOS


Debió de ser Francisca Pizarro Yupanqui (Jauja 1534 - Trujillo 1598) una dama la mar de interesante. Culta, rica y desenvuelta, es considerada la primera mestiza de Perú, pues por sus venas corría la sangre real de los incas y la del conquistador Francisco Pizarro, a quien el Inca Atahualpa ofreció en matrimonio a su hermanastra la princesa Quispe Sisa, bautizada como Inés Huaylas. Esta obra de Julieta Soria recrea un improbable encuentro entre un joven Gabriel Téllez de 19 años y doña Francisquita, como era conocida en Madrid esta mujer, símbolo vivo de la unión entre dos mundos, que residió en la capital a partir de 1581, tras contraer matrimonio en segundas nupcias con Pedro Arias Dávila Portocarrero, hijo de los condes de Puñonrostro.

Si tenemos en cuenta que Téllez nació en 1579 y que ella murió en Trujillo en 1598, casi no queda resquicio temporal para que el escritor se encontrara con ella en Madrid buscando información para un trabajo teatral y creo que tampoco resulta factible que la dama conociera alguna obra firmada por Tirso de Molina, pues los textos conocidos del mercedario son posteriores. Es verdad que aparece en su obra “Amazonas en las Indias”, segunda parte de su “Trilogía de los Pizarros”, compuesta por “Todo es dar en una cosa”, dedicada a Francisco Pizarro; la citada “Amazonas en las Indias”, centrada en Gonzalo, y “La lealtad contra la envidia”, sobre Hernando, donde al final se la cita, aunque es falso que él pudiera enseñarle dicha trilogía, pues parece que la comenzó a escribir en torno a 1626.

Generosas licencias poéticas para dibujar un perfil hagiográfico de la atractiva novohispana iluminado por los focos de la corrección política imperante en nuestros días. La irrupción del joven aspirante a sacerdote en el jardín de la casa de doña Francisca, a quien comunica su intención de escribir una obra sobre ella, da pie a que la dama recuerde su infancia peruana, su viaje a España para evitar el encono de los asesinos de su padre, su deslumbramiento por Sevilla, su matrimonio con su tío Hernando Pizarro, casi treinta años mayor que ella, su vida en Medina del Campo mientras su esposo era preso de lujo en el castillo de la Mota, su posterior estancia en Trujillo, su traslado a Madrid tras enviudar y al poco volver a casarse con un hombre más joven que ella y además hermano de su nuera, y su vida de lujo en la Corte.

La obra es poco más que una animada didascalia salpicada por alguna canción y referencias a los personajes literarios que frecuentaban los mentideros de la Villa. Hablaba antes de corrección política y es que la protagonista evoca la arcádica infancia peruana y las deidades incaicas con embeleso, mientras de su mitad española destaca la codicia y las ambiciones cortesanas, en apreciaciones en las que se adivina algún eco de la leyenda negra. Aunque nada tan rotundo como lo de hacerle decir al final de la obra que es una mestiza sin papeles, lo que suena a sarcasmo en boca de una millonaria que financió la construcción de palacios y conventos además de dilapidar sus caudales en fiestas y lujos, como recoge la historiadora e investigadora social peruana María Rostworowski en su documentada biografía “Doña Francisca Pizarro: una ilustre mestiza (1534-1598)”, donde sin duda se habrá documentado Julieta Soria.

Pero en recreaciones artísticas, a quién le importa el rigor histórico. La función resulta entretenida, hay que decirlo, con una soberbia Gloria Muñoz en plena forma, metida en la piel de la distinguida mestiza con desenvuelta autoridad interpretativa y tremenda frescura, con algún guiño contemporáneo que se mete al público en el bolsillo. Junto a la gran actriz, Julián Ortega, su hijo en la denominada vida real, es un Tirso declamador y gritón. Yayo Cáceres, vinculado a la compañía Ron Lalá, ha cocinado un espectáculo fluido y divertido con varias cesuras musicales a cargo del músico Manuel Lavandera y la cantante Silvina Tabbush, de poderosa y bella voz. Bien la sencilla escenografía de Carolina González, que evoca sucintamente la placidez recogida de un jardín, magnífica la iluminación de Miguel Ángel Camacho y muy bonito el vestuario de Tatiana de Sarabia.