Clásicas Críticas

Raquel Vidales

CULPA IN VIGILANDO: VISITA GUIADA A UN AUTILLO DE FE Nº26

Escrito por clasicascriticas 02-07-2018 en Raquel Vidales. Comentarios (0)

Crítica de Raquel Vidales (Babelia, El País)


Dramaturgia y dirección escénica: Manuel Bonillo. Elenco: Jota Altuna, Manuel Bonillo, Cristina Contreras, Raquel Cruz, Santiago del Hoyo. Iluminación: Tomás Muñoz. Escenografía: Laura Ferrón, Ismael Villanueva. Vestuario: María Romero. Festival Clásicos en Alcalá, 29 y 30 de junio.


Simulacro de ‘performance’

El interesante punto de partida de la obra 'Culpa in vigilando: visita guiada a un autillo de fe' se pierde en la materialización del espectáculo


El punto de partida de este trabajo sugerentemente titulado Culpa in vigilando: visita guiada a un autillo de fe N.º 26 es muy interesante. Utilizando antiguos textos jurídicos y crónicas de los siglos XVII y XVIII, se realiza una abstracción de las convenciones sociales que sustentaban los antiguos juicios de la Inquisición, basados principalmente en una relación de dominación-sumisión: es decir, un sector sumiso que consiente ser juzgado según las reglas del sector dominante. Es la misma relación que se establece, según la conclusión de este espectáculo, en las llamadas sesiones de BDSM (prácticas sexuales que incluyen sadomasoquismo). A lo que se añade como reflexión un tercer paralelismo: es la misma relación que se establece en un espectáculo, con un grupo dominante que marca las reglas (los artistas) y otro grupo sumiso que las acepta.

Esto es lo que se explica en el arranque de la obra por medio de una locución que los espectadores escuchan con cascos sentados en los bancos del jardín del Loft Contemporáneo de Alcalá de Henares, un bonito rincón recientemente rehabilitado como espacio cultural, como introducción a laperformanceexpresamente creada para este lugar por el Laboratorio de Creación Escénica Vladimir Tzekov, una de las compañías de teatro experimental a las que este año ha invitado el festival Clásicos en Alcalá para investigar nuevas formas de abordar los grandes textos de repertorio. La locutora expone los tres paralelismos, aclara que efectivamente como apunta el título esto es una visita guiada a un autillo, pero también a una sesión de BDSM y a un espectáculo, y advierte de que cada espectador deberá elegir su papel: sumiso, dominante o simplementevoyeur.“No tengan miedo de acercarse a los clásicos”, dice la voz. La cosa promete emociones fuertes.

Pero todas las expectativas se desmoronan en cuanto el público abandona el jardín. Antes de entrar a la sala donde se desarrolla la sesión de BDSM, los espectadores deben atravesar un pequeño atrio en el que se ofrece un aperitivo: una pareja de dominantes echa cera caliente sobre la piel del sumiso, que según informa la locución no forma parte de la compañía y no cobra ningún sueldo, sino que se ha sometido voluntariamente al juego. Después, losperformersguían al público a la sala central donde se supone que se van a poder vislumbrar las sensaciones que se derivan de las prácticas sadomasoquistas. Pero ahí no se advierte dolor ni placer, pues todo se advierte impostado: desde la estética sado, cargada de tópicos, hasta la actitud de los artistas que ejercen como dominantes, tan forzada que resulta pueril. Es como si estuvieran jugando, no representando un papel, ni mucho menos actuando en unaperformance. Parece más bien un simulacro deperformance.

No se quiere decir con esto que para que unaperformancetenga impacto los actores deban autolesionarse de verdad, eso ya lo hicieron artistas como Jan Fabre en los salvajes años setenta, pero sí se pide como mínimo que no se intente engañar al espectador con fingimientos. Así solo se puede despertar indiferencia.



COMEDIA AQUILANA

Escrito por clasicascriticas 02-07-2018 en Raquel Vidales. Comentarios (0)

Crítica de Raquel Vidales (Babelia, El País)


Texto: Bartolomé Torres Naharro. Dirección: Ana Zamora. Intérpretes: Silvia Acosta, María Besant, Javier Carramiñana, Juan Messeguer, Belén Nieto, Alejandro Saá, María Alejandra Saturno, Isabel Zamora. Escenografía: Ricardo Vergne. Vestuario: Deborah Macías. Iluminación: Miguel Ángel Camacho. En gira durante el verano.


‘Comedia aquilana’: un dulce placer estético
La puesta en escena de la comedia renacentista dirigida por Ana Zamora es una gozosa experiencia teatral


Es un hecho que el teatro renacentista español permanece aplastado por el barroco. No solo por la brillantez de los autores del Siglo de Oro, con Lope de Vega y Calderón a la cabeza, sino también porque el primero resulta más lejano al público actual: el castellano medieval es difícil de decir y de entender, los temas parecen ajenos y las tramas demasiado simples. Es lógico que las compañías que apuestan por obras clásicas prefieran escarbar en el Siglo de Oro que remontarse al Renacimiento. El esfuerzo y el riesgo es menor.

Pero viendo la Comedia aquilana que ha puesto en escena la compañía Nao d’amores, la única especializada en España en teatro renacentista, con Ana Zamora a la cabeza, uno se pregunta si el problema no es tanto la lejanía como la falta de práctica en la puesta en escena de aquellos textos. Para empezar, es un gozo descubrir en esta obra de Bartolomé Torres Naharro las bases sobre las que luego se asentará el teatro barroco. Por ejemplo, podemos comprobar que la trama no es ni más ni menos que la típica de las comedias amorosas de enredos del Siglo de Oro: dos amantes imposibles, dos criados burlones, galanteos, peleas de honra, un engaño y un final feliz.

Pero no es esta la única virtud de este espectáculo. Si fuera así estaríamos hablando de un simple acercamiento arqueológico a un texto olvidado del siglo XVI, con todo el valor cultural que eso supone, ciertamente, pero no de una experiencia teatral jugosa en sí misma. Y no es este el caso. EstaComedia aquilanase disfruta como se disfruta un bodegón floral renacentista. Es alegre, juguetona, fresca, delicada, llena de detalles, exquisita y virtuosa: todo se ensambla suavemente, la música, el verso, la escenografía, el vestuario. Un puro placer estético.

Tiene esto que ver con el magnífico trabajo de investigación previo que suele hacer Ana Zamora antes de abordar una nueva producción. En este caso, el estudio condujo a la directora a la comedia del arte, un tipo de teatro popular que triunfó en el Renacimiento italiano, pues fue en Italia donde Torres Naharro vivía cuando escribió la mayoría de sus obras, incluida esta. La aplicación de las ingeniosas estrategias escénicas y los arquetipos característicos de la comedia del arte a laComedia aquilanaderiva en un espectáculo plenamente disfrutable en el siglo XXI. No solo por lo divertido que resulta, sino por la utilización de ese distanciamiento burlón que practicaban las compañías del género en Italia, humillando a las clases altas a través de los criados y haciendo cómplices al público de sus chanzas.

La directora ha convertido esas chanzas en una fina ironía contemporánea y también ha podado el verso, limpiándolo sobre todo de ripios, para hacerlo más digerible. La música en directo no solo acompaña, sino que da ritmo a muchas escenas. La escenografía recuerda a los tablados donde las compañías italianas desarrollaban sus piezas de pueblo en pueblo, con cortinillas para evocar diferentes decorados, y el vestuario es un prodigio de belleza y eficacia, que permite a los actores, estupendos todos, interpretar varios papeles y cambiar de uno a otro con ligereza. El conjunto, en fin, es un disfrute.

El espectáculo se estrenó en febrero en el Teatro de la Comedia, en coproducción con la Compañía Nacional de Teatro Clásico, para emprender después una gira por los principales festivales de verano: acaba de visitar los de Cáceres y Alcalá y pronto se verá en Peñíscola, Olmedo, Almagro y El Escorial.