Clásicas Críticas

Una humilde propuesta

UNA HUMILDE PROPUESTA

Escrito por clasicascriticas 25-06-2018 en Una humilde propuesta. Comentarios (0)

Crítica de Jara Martínez Valderas (ITEM, www.teatrero.com, “Revista ADE")

Título: Una humilde propuesta. Autor: Jonhatan Swift. Directora: Laila Ripoll. Intérprete: Mariano Llorente. Festival Clásicos en Alcalá. 23 y 24 de junio.


El XVIII Festival de Artes Escénicas de la Comunidad de Madrid, en Alcalá Henares, ha acogido el estreno de Una humilde propuesta, versión de Laila Ripoll a partir del texto de Jonathan Swift. Es una obra que se crea ex profeso para este festival y que asume el riesgo de llevar a escena un texto no dramático, ya que el original de Swift es un ensayo satírico. La intención de este escritor, en 1729, era hacer una parodia o autoparodia –ya que él mismo también los escribía– sobre los opúsculos que todo intelectual de clase alta que se preciara escribía “para el bien común” en la Irlanda de la época.

La directora, Laila Ripoll, que firma también la versión, es fiel al texto original y mantiene la idea escénica de conferencia. Vemos en escena al propio Jonathan Swift ofreciendo una charla a los asistentes. Este espectáculo se concibe desde la ruptura de la convencional obra de sala y explora las interesantes vías que abre el site-specific. Es un acierto proponer este texto en un lugar no convencional ya que prepara la recepción del espectador, que es llevado a la escuela de hostelería en autobús, y le predispone a un tipo de experiencia escénica no convencional. 

El site-specific, de origen anglosajón, es un tipo de trabajo artístico que todavía no se conoce por el gran público en España pero que tiene una larga tradición en otros países desde los años sesenta, proliferando en los noventa. El concepto proviene de la instalación, pero también comienza a extenderse a las artes escénicas. Se trata de concebir una obra en un lugar no escénico y que ese espacio aporte sentido a la obra por sí solo, por lo que la misma no puede exportarse a otros lugares sin perder su esencia. Es un motivo de celebración que este tipo de experiencias, que amplían el hecho del mero consumo en sala para proponer otra relación, más directa, con el público, sea promovido por el festival de Alcalá.

En este caso, el texto se representa en la Escuela de Hostelería y Turismo. El público se sienta en una sala con mesas, puede tomar vino y el propio menú es el programa de mano del espectáculo. Un elemento fundamental es el olor a carne, dos cabezas de cerdo situadas al fondo, poca iluminación y un ambiente refinado pero de atmósfera macabra (con música de Haendel). Frente a la audiencia se sitúa un personaje vestido a la moda inglesa del siglo XVIII, que no desvela nunca su identidad pero que podemos entender que representa al propio escritor, Jonathan Swift. Al fondo hay cocineras que vemos trabajando. La puesta en escena quiere sugestionar al espectador mediante el espacio, el olor y la íntima relación que se crea como receptor.  Todo ese refinamiento inicial pronto se irá descomponiendo en algo macabro. Y es que la temática de la pieza requiere “estómagos fuertes”.

El monólogo es una propuesta para solucionar el problema de la enorme cantidad de niños pobres. Los padres pueden vender a sus hijos para que los ricos puedan comérselos, y paguen un buen precio por ello. Se soluciona el problema de sobreabundancia de pobres, la escasez de alimentos y alivia la falta de recursos económicos de los padres. La versión hace continuas referencias a la actualidad, como si esta “humilde propuesta” pudiéramos asumirla hoy día. El actor, Mariano Llorente, representa con maestría la sátira del texto original, oscilando entre un serio convencimiento en su discurso y una fina línea irónica que empatiza con el espectador. Es una “propuesta humilde” pero certera y no condescendiente con el espectador.

La obra ahonda, con un sentido del humor irónico, en convicciones que ya el público conoce: las injusticias de nuestra sociedad y el sistema de opresión de los poderosos sobre una mayoría depauperada. La función de esta obra es recordarte e incomodarte en torno a la crueldad y la hipocresía social de la clase dominante. Parece una locura “divertida” plantear comernos los niños pero, hoy en día, el sistema económico es tan cruel que la risa se congela (!Qué hidratantes deben ser los inmigrantes del Aquarius y qué problema nos quitaríamos de encima!). El teatro puede llegar hasta aquí, hasta revolver los estómagos del público recordándonos nuestra miseria como sociedad desigual, pero no mas allá. El teatro no puede cambiar la sociedad pero puede remover las conciencias, bueno, en este caso “los estómagos”. 


UNA HUMILDE PROPUESTA

Escrito por clasicascriticas 25-06-2018 en Una humilde propuesta. Comentarios (0)

Crítica de Raúl Losánez (La razón)

Título: Una humilde propuesta. Autor: Jonhatan Swift. Directora: Laila Ripoll. Intérprete: Mariano Llorente. Festival Clásicos en Alcalá. 23 y 24 de junio.


Clásicos en Alcalá acogió anoche el estreno absoluto de Una humilde propuesta, el montaje de la compañía Micomicón sobre el breve texto satírico que escribió Jonathan Swift en 1729.

No han podido tener mejor vista Laila Ripoll y Mariano Llorente, almas e ideólogos de la compañía, a la hora de percibir el sonrojo y la vergüenza que sigue provocando en nuestras conciencias esta obrita escrita con mucho sarcasmo “para evitar que los hijos de los pobres de Irlanda sean una carga para sus padres o su país y para que se conviertan en algo de provecho para el pueblo”. Casi 300 años después, vemos que la indiferencia que muestra una pequeña parte de la sociedad, poderosa y privilegiada, sobre la otra, desfavorecida hasta rayar en la más desconsoladora tragedia, sigue siendo prácticamente la misma. Y así lo ha entendido Ripoll en su inteligente versión, en la que sólo ha necesitado cambiar mínimamente el contexto, sin transgredir un ápice el pensamiento de Swift, para hacer una pertinente radiografía de nuestro hipócrita tiempo. La adecuación de algunos términos (sanidad, educación, investigación y desarrollo...) que usamos hoy para referirnos a cuestiones y conceptos de siempre, la adaptación al presente de las cifras de pobres, parideras, recién nacidos...; o la sustitución de algunos apurados oficios ya extintos por otros igual de precarios que todos hoy conocemos son las ligeras variaciones introducidas en el monólogo que Mariano Llorente interpreta en un lugar tan concreto -no puedo decir por qué para no desvelar el efecto provocador del texto y de la función- como la Escuela de Hostelería de Alcalá de Henares. Concebida ya en su origen con afán de interpelar al lector, la diatriba de Swift redobla en este sentido su intención, en la interpretación de Mariano Llorente, a la hora de detallar cómo ha de llevarse a cabo la “humilde propuesta” en cuestión, la cual es mejor que tampoco desvele, y créanme que lo siento, en beneficio del público que acuda a ver el espectáculo sin conocer el texto.

No obstante, creo que el “discurso” hubiese sido más demoledor, aunque posiblemente menos diáfano en su teatralidad, si Ripoll y Llorente hubiesen optado por inclinar más la interpretación a la oratoria de un político persuasivo de nuestros días, y no tanto a la de esa especie de arisco predicador, algo ya vetusta, por la que han optado.

Con todo, tal y como hizo el ensayito original del autor irlandés, la función cumple con su propósito crítico y nos advierte con eficacia de cómo las soluciones políticas a nuestros problemas se suelen adoptar pensando más en un rendimiento mercantilista de la situación que en el perfeccionamiento moral de la sociedad.